El día se planteaba bien hasta que llegó mi hijo con un libro CON ANIMO DE OFENDER del cartagenero ARTURO.
El Cartagenero me sedujo con las espadas de Flandes y el viejo Madrid Quevediano, llegue a oler la pólvora en Trafalgar o Rusia y ese sudor que supuran nuestros poros junto al mar lo sentí salir despacio en la carta o la perla.
Le entendí en sus crónicas de bosnia, en sus relatos de guerras, no obstante bebí la misma leche y comí el mismo pan negro de los refugiados.
Hoy cuando trataba de continuar con un libro de otro autor, llego de nuevo a mis manos uno del cartagenero que me recuerda en su frescura a muchos autores y actores, que se han tomado la licencia de llamar a las cosas por su nombre y un pis es una meada y popo es una cagada, claras letras que se entienden y no hay que recurrir a diccionarios técnico donde entender algo esta claro.
Mi hijo es un cabrón, pero con cariño y el cartagenero es sincero cual militar abortado y retirado a escritorio donde puede chusquear a los listillos de las oficinas.
En fin me alegra poder leer letras claras y sencillas llenas de verdades espinosas.
